Una fiesta largamente esperada

Una Catequesis on line fue la única manera que pudimos para acompañar a diez niños en los encuentros de catequesis que habían quedado suspendidos debido a la contingencia social y la  Pandemia del Corona virus. Tuvieron paciencia para esperar que se dieran la circunstancia adecuada para comenzar a retomar un proceso que quedó truncado. Sor Lilia Sucno catequista del pequeño grupo, expresó correctamente “resistieron” hasta que el gran día llegó.

Los padres quisieron que está fuera una fiesta inolvidable y presentaron sus niños para que cada detalle fuera atesorado en su corazón. Sor Lilia los preparó solemnemente, dando sentido a su encuentro con el Señor, primero a nivel del Sacramento de la reconciliación y a la Eucaristía para que cada realidad litúrgica tuviera especial significado. Los padres de familia de la catequesis de primer año como ya es tradicional cooperaron con las flores, para que todo estuviera bellamente adornado.

La comunidad de religiosas apoyo preparando la ya hermosa capilla de “San Damián”, Sor Elena con los arreglos forales, Sor Laura con la voz, Sor Fabiola con la animación de la celebración y sobretodo el Padre Domingo Tapia nuestro Capellán por la generosidad que tubo al confesar a los niños y presidir esta primera Comunión Eucarística.

Fue hermosa por la emoción y delicadeza de los detalles, la palabra quedó coronada con el especial signo de la renovación de las promesas bautismales, cada uno de los padres encendieron su vela en el Crio pascual, signo de Cristo Resucitado para que ellos como acompañantes de la fe de sus hijos compartieran esta luz y juntos como asamblea creyente renovaran su compromiso bautismal.

Los ángeles tienen que haber cantado un gran aleluya y con seguridad el abuelito de María José que este mismo día fue llamado a celebrar en el cielo lo que su nieta celebraba en la tierra. Lágrimas y alegría se mezclaron este día, su mamá no quiso postergar este día porque estábamos todos seguros que nuestro hermano Pedro compartía el encuentro con Jesús que nos prometió la Vida eterna si vivimos con Él.

Una vez más el milagro de la Eucaristía permitió que en el corazón de Cristo verdadero pan del cielo quedaran gravados lo nombres de estos diez niños y de una madre que ese día también junto a su hija hizo su primera comunión.