Entre el jueves 3 y el jueves 10 de enero se llevará a cabo en la Casa Provincial de la hermanas RFMSC una jornada de Superioras Locales de la Provincia Latinoamericana «San Antonio».
GENEREMOS AMBIENTES SALUDABLES EN LAS COMUNIDADES DESDE NUESTRA ESPIRITUALIDAD FRANCISCANA
El objetivo de la jornada es: Ofrecer una mirada comprensiva sobre la crisis de los abusos al interior de la Iglesia desde una perspectiva sicoespiritual, Evangélica-Franciscana.
Temas del Encuentro
Jueves 3 de enero
Expositor: Camilo Barrionuevo
Ambientes Sanos en la Vida Religiosa
Viernes 4 y sábado 5 de enero
Expositor: Hermano Manuel Alvarado OFM
El Servicio de la Autoridad desde la Espiritualidad Franciscana
Domingo 6 de enero
Expositora: Hermana Marcela Sáez
Protocolo sobre Abusos: Sexual, de conciencia y de poder.
Lunes 7, martes 8 y miércoles 9 de enero
Trabajo grupal: Construcción de “Protocolo sobre Abuso y revisión de los Estatutos de los Laicos Asociados
Miércoles 9 de enero, 19:00 hrs.
Misa con el Ministro Provincial de la Orden de los Frailes Menores, Padre Isauro Covilí Linfatti
No es desconocido que para muchos latinoamericanos México es un punto importante de llegada para ingresar a Norte América, y también se sabe que no es la primera vez que un grupo importante de hondureños se han movilizado con esta con esta intención, sin embargo, el fenómeno de la caravana que salió de San Pedro Lusa – Honduras, es algo sin precedentes tanto para Honduras como para américa latina. A mediados de octubre del 2018, tras una convocatoria publicada en redes sociales, se estima que más de 4.000 hondureños, iniciaron la marcha huyendo de la pobreza y de la violencia del país y con el anhelo de alcanzar el tan deseado “sueño americano”. A medida que la caravana marchaba el número de caminantes se iba incrementando no sólo de hondureños sino que también de otros migrantes provenientes de otras nacionalidades. El grupo conformado por niños y bebes, adolescentes y estudiantes, hombres y mujeres, y sin escatimar sacrificios, iniciaron su peregrinaje caminando o subiendo a cualquier vehículo que detuviera la marcha, con firme decisión sólo tenían un objetivo, salir de Honduras, recorrer casi 680 km hasta llegar a la frontera entre Guatemala y México y una vez en México seguir un recorrido de casi 4.000 km más hasta llegar a Tijuana, considerada una de las ciudades fronterizas más grandes del mundo
Sin embargo, la llegada de los inmigrantes al control fronterizo entre Guatemala y México en Tecúm Umán, no estuvo exento de dificultades, Las autoridades de Guatemala y México al ver el gran número de personas y para mayor seguridad, orden y control, aumentaron las vallas y el número de policías. Pero en la desesperación y por el temor de que no les dejaran ingresar cientos de hondureños saltaron la valla de control, lo que originó violencia y el uso de gases lacrimógenos, incluso algunos de ellos lanzaron piedras y varias personas resultaron heridas.
Otros inmigrantes comenzaron a cantar el himno de Honduras y levantando a sus hijos en brazos, imploraban el ingreso a las autoridades migratorias.
A esto se sumó el problema que la mayoría de ellos venían sin sus documentos legales, visa y pasaporte. Dado los acontecimientos vividos muchos dieron marcha atrás.
Ante esta situación las autoridades de Estados Unidos, comenzando por el presidente Donald Trump amenazaron a Guatemala, Honduras y El Salvador con sacarles la ayuda financiera si no contenían la migración ilegal. Además planteó su intención de cerrar y militarizar la frontera. Según Trump “un gran porcentaje de esas personas eran criminales” y pretendía detenerlos. En cuanto a México aumentaba aún más la delicada problemática que existe entre ambos países por la seguridad y control que hay en la frontera que ambos países comparten.
Y, ¿Qué dice el ciudadano mexicano ante esta situación? Hay sentimientos encontrados, por una parte, está la sensibilidad de acudir solidariamente en ayudar a estos hermanos latinoamericanos, para ello a través de organismos gubernamentales y no gubernamentales, la Iglesia católica por medio de caritas e institutos religiosos, otras confesiones religiosas y y ciudadanos particulares, se organizaron para ofrecer ayuda a estos hermanos nuestros, asistencia en el ámbito de la salud, alimentación, vestuario, albergues, ayuda legal, etc. Por otro lado esto ha provocado también en la ciudadanía una cierta inseguridad, inconformidad, molestia y temor. Muchos dicen que por donde han pasado muchos hondureños han dejado una mala impresión: exigentes, sucios, no se conforman con lo que les dan, violentos, malos hábitos, etc. El día que llegaron a Tijuana, a mediados de noviembre, en la zona donde vivimos las hermanas, un grupo de vecinos se organizó para manifestar y solicitar a las autoridades que sacarán a los hondureños de Playas de Tijuana y los trasladaran a los albergues habilitados para ellos, también hubo una marcha en el centro de la ciudad, donde los tijuanenses gritaban consignas en contra de los hondureños, diciéndoles que ellos no tenían nada que hacer aquí y que era mejor que se fueran. El 15 de diciembre tres hondureños, entre 16 y 17 años, fueron asaltados y al no tener nada que dar, fueron golpeados, dos de ellos fueron asesinados. Sumando el elenco de más de 2.000 asesinatos que lleva Tijuana en el transcurso del año, la cual tristemente está dentro de las 50 ciudades más violentas y peligrosas del mundo. Actualmente los hondureños se han dispersado en distintos puntos de ingreso que hay a lo largo de la frontera de la Baja California. Algunos han logrado traspasar la frontera hacia Estados Unidos, pero también otros tantos han sido deportados nuevamente a México. Otros esperan que el estado americano analice y de una respuesta favorable a sus solicitudes, sumándose a una fila de casi 3.000 personas provenientes de distintos lugares y que están en Tijuana esperando que Estados Unidos les de la visa de ingreso. Mientras tanto con tenacidad y esperanza viven el día, confiando que sus sueños se vean realizados.