Misión solidaria en Tambobamba, Perú
"Venir acá me volvió a recordar por qué fui llamada"
Mision Perù
Misión solidaria en Tambobamba: signo de esperanza como fruto del Año Jubilar 2025
Misión en las comunidades de Tambobamba: Com. Payancca, Com. Ocrabamba, Com. Pichaca, Com. de Choque, Mara, Com. de Asacasi, Com. Choqquecca.
En el marco del Año Jubilar 2025, tiempo de gracia y renovación espiritual para la Iglesia, y en la celebración de los 75 años de presencia de las Religiosas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón en América Latina, la Pastoral del Colegio Arriarán Barros impulsó una significativa experiencia de misión solidaria en Tambobamba, Perú, como expresión concreta de fe, servicio y compromiso con los más necesitados.
Con espíritu misionero, Sor Marlene Paco y Sor Sandra Araoz Aranivar, junto a cuatro funcionarios del Colegio Arriarán Barros —la Sra. Edith del Carmen Pillancari Barría, el Sr. Juan Ermin Rodríguez Herrera, el Profesor Claudio Alejandro Vargas Aros y la Profesora Fernanda Angel Torres Bermúdez— participaron del 11 al 15 de enero en una experiencia de misión solidaria.
La misión se inició con la participación en la Santa Misa en la parroquia "Cristo Rey", donde el Padre Rigoberto Alejandro García del Valle, impartió una solemne bendición de envío. Al día siguiente, el grupo emprendió viaje a Perú para realizar una misión solidaria en la localidad de Tambobamba, animados por el deseo de servir, compartir y anunciar el Evangelio a través de gestos concretos de cercanía y fraternidad.
Previamente, la comunidad los encomendó al Señor en la Misa de Envío, pidiendo por el buen desarrollo de esta experiencia y por los frutos espirituales y humanos de este servicio.
La misión tuvo como objetivo principal visitar a los adultos mayores, compartir momentos de cercanía y escucha, conocer otra realidad y llevar alimentos como gesto concreto de ayuda y fraternidad. De este modo, se buscó fortalecer los valores de la solidaridad y el servicio, promoviendo el encuentro humano y el compromiso con quienes más lo necesitan, en un clima de sencillez y espíritu fraterno.
Ya en tierra peruana, la comunidad Comunidad "Sta. Isabel de Hungría" - Iglesia Parroquial "Nuestra Señora del Carmen" - Cusco – Perú, que nos acogieron a nuestra llegada para descansar y, al día siguiente muy temprano, partir hacia Comunidad "Virgen del Carmen" F.M.S.C -Perú - Tambobamba.
Desde ese momento, la misión se transformó en una experiencia profundamente significativa para todos los participantes. Cada visita a los hogares se convirtió en un espacio de cercanía y acompañamiento, donde la realidad interpeló con fuerza a quienes habían sido enviados.
Los misioneros coinciden
en que lo vivido fue impactante. Aunque varios habían participado antes en
actividades solidarias, reconocen que esta misión les permitió conocer un tipo
de pobreza distinta, marcada por el aislamiento, el abandono y la soledad.
La experiencia misionera también estuvo marcada por testimonios profundos que
reflejan el impacto humano y espiritual vivido en Tambobamba. La Sra. Edith del
Carmen Pillancari Barría compartió con emoción lo que significó para ella el
encuentro con la realidad de las comunidades visitadas:
"Yo he visto pobreza antes, pero no en estas condiciones. Me dolió el alma ver a una abuelita abandonada; ver a una persona mayor así, lejos de todo, fue realmente impactante", expresó, dando voz al sentir de muchos de los misioneros.
Sus palabras reflejan el llamado del Evangelio a no pasar de largo, sino a dejarnos tocar por el sufrimiento del otro y responder con gestos concretos de amor, cercanía y esperanza, especialmente hacia los más vulnerables.
Las visitas revelaron historias dolorosas de adultos mayores que viven prácticamente a la deriva, sin el cuidado de sus propios hijos. Esta realidad generó sentimientos de tristeza e impotencia, al constatar que muchas veces la necesidad más grande no es solo material, sino también afectiva y espiritual.
En medio de estas realidades tan dolorosas, también se vivieron gestos de profunda humanidad y consuelo. En una de las visitas, la Sra. Edith del Carmen Pillancari Barría y la Profesora Fernanda Angel Torres Bermúdez regresaron para abrazar a la adulta mayor que había quedado llorando tras el primer encuentro.
"Volvimos para abrazarlas y lloramos juntas", compartieron, resaltando que en esos momentos la cercanía, la escucha y el afecto fraterno fueron tan significativos como la ayuda material entregada. Estos gestos sencillos, pero llenos de amor, se convirtieron en un verdadero signo del Sagrado Corazón de Jesús, presente en la compasión y en la solidaridad concreta.
Otra experiencia profundamente significativa fue el encuentro con unos abuelos que cuidan a su nieta tras la muerte de su hija. A pesar de sus múltiples carencias, recibieron a los misioneros con una enorme gratitud y generosidad, compartiendo incluso alimentos de su propia mesa.
Este gesto conmovió especialmente a la Profesora Fernanda Angel Torres Bermúdez, quien compartió su testimonio con emoción:
"Pese a que les faltaba, ellos nos dieron de lo que tenían. Es su forma de agradecer", expresó, visiblemente impactada por la nobleza y sencillez de la familia.
La barrera del idioma y las diferencias culturales no fueron un impedimento para el verdadero encuentro. Aunque muchas familias se comunican en lengua quechua y la comunicación verbal a veces resultaba difícil, el lenguaje del afecto, la cercanía y la solidaridad logró unir corazones, recordando que el amor se expresa más allá de las palabras.
La experiencia misionera también ha permitido mirar la propia vida con una nueva perspectiva. "Uno vuelve a valorar lo que tiene", expresaba la misionera, reconociendo que muchas veces se da por sentado lo esencial, como el alimento, el hogar y la compañía, mientras otros carecen incluso de lo más básico.
La misión también invitó a una profunda reflexión sobre las diferencias culturales en torno al cuidado de los adultos mayores. En este contexto, el Sr. Juan Ermin Rodríguez Herrera compartió su testimonio, expresando cómo esta realidad marcó interiormente a los misioneros:
"En algunos lugares se entiende que los hijos deben hacerse cargo de sus padres sí o sí, y existe una protección hacia el adulto mayor. Aquí hemos visto otra realidad, y eso nos ha removido profundamente", señaló, dando cuenta del impacto humano y espiritual que provocaron estos encuentros.
Sus palabras reflejan el llamado a revisar nuestras propias actitudes y responsabilidades, y a fortalecer una cultura del cuidado, la dignidad y el respeto hacia las personas mayores, especialmente las más vulnerables.
Para varios de los participantes, esta misión ha significado un verdadero reencuentro con su vocación de servicio y con el sentido más profundo de la misión evangelizadora. En este camino, uno de los momentos más significativos fue el testimonio del profesor Claudio, quien, visiblemente emocionado, compartió una reflexión que expresó el sentir común del grupo.
"Esta experiencia me hizo valorar más a mis padres y a mis abuelos. La pobreza y el abandono de los adultos mayores es un dolor que se repite en muchas partes. Lo que me queda es volver a casa y abrazar a los míos, y decirles que estaré con ellos hasta el final".
En la misma línea, el
profesor Claudio añadió que esta vivencia le permitió sentirse parte activa de
la misión, no solo desde lo educativo, sino desde el encuentro concreto con
quienes más sufren:
"Hoy me siento parte de esta misión. No solo de la misión educativa del
colegio, sino de la misión real, la que sale al encuentro del que sufre. Yo soy
laico, pero me siento parte del proyecto de las hermanas y de su historia".
Sus palabras evocaron también la historia misionera de la congregación y el coraje de las primeras religiosas que llegaron a Chile, recorriendo largas distancias y dejando todo para servir. Desde Puerto Montt, su entrega dio origen a nuevas comunidades en Chile y luego en Perú, Bolivia, Ecuador y México. Ese mismo espíritu de valentía y entrega sigue hoy animando a continuar esta labor evangelizadora, inspirando a laicos y consagrados a caminar juntos en la misión.
En este contexto de encuentro y servicio, Sor Sandra Araoz compartió también su testimonio, subrayando una dimensión esencial de la misión vivida junto a los adultos mayores. Recordó que, en experiencias solidarias realizadas anteriormente, muchos de ellos expresaban que lo que más necesitaban no era solo ayuda material, sino presencia y cercanía humana.
"Algunos decían que más que la ayuda material, lo que necesitaban era alguien con quien conversar. Aquí comprendí que la misión es justamente eso: estar, escuchar y acompañar".
Sus palabras iluminaron el sentido más profundo de la acción misionera, entendida como un camino de disponibilidad y amor concreto. Para las religiosas, esta experiencia ha tenido además un profundo sentido vocacional, reafirmando su llamado a hacerse cercanas, a compartir la vida con quienes sufren y a reconocer, en cada rostro visitado, la presencia viva de Cristo que invita a seguir sirviendo con alegría y entrega.
Sor Marlene Paco compartió su testimonio destacando que la experiencia misionera permitió descubrir con mayor profundidad el trabajo silencioso y constante que realizan las hermanas en esta zona. Desde su vivencia, subrayó cómo el contacto directo con la realidad transforma la mirada y el corazón, despertando admiración por la entrega cotidiana de la comunidad religiosa.
"Yo jamás había escuchado realmente del trabajo que hacen las hermanas, y hoy me quedo profundamente admirada. Ahora, cada vez que oiga hablar de su misión, la voy a mirar con otros ojos. Al vivirlo en terreno uno se da cuenta de lo que significa su labor".
De manera especial, valoró la obra educativa que las hermanas desarrollan en Tambobamba, resaltando su impacto humano y evangelizador en medio de un contexto marcado por la necesidad:
"El colegio que tienen aquí es un lugar digno en medio de un pueblo con mucha necesidad. A través de la educación están promoviendo personas para que salgan adelante, para que los niños del campo puedan soñar con ser profesionales. El internado acoge a niños que vienen de lugares lejanos y las hermanas los cuidan, los forman y los acompañan día a día. Realmente es un trabajo admirable".
Finalmente, Sor Marlene expresó que esta misión significó también un profundo retorno a las raíces de su vocación, renovando el sentido de su llamado al servicio de los más pobres:
"Venir acá me volvió a recordar por qué fui llamada. A veces uno se acomoda, pero esta realidad me hizo reencontrarme con el sentido profundo de servir a los más pobres. Me voy con el corazón lleno y con el deseo de seguir apoyando la misión de mis hermanas".
Finalmente, la
experiencia despertó un fuerte deseo de compromiso al regresar a casa.
"Esta misión me hizo abrir los ojos. Nuestra obra también puede ser desde
dentro del colegio: mirar a los estudiantes con otros ojos, escuchar sus
realidades y comprender lo que hay detrás de cada uno. Para mí, los colegios
pierden su esencia cuando dejan de evangelizar".
La misión en Tambobamba ha sido mucho más que una entrega de alimentos. Ha sido un verdadero encuentro con Cristo presente en los más frágiles, una escuela de humanidad y un llamado a vivir el Evangelio con gestos concretos. Cada misionero regresa transformado, con el corazón conmovido y con el firme deseo de que esta experiencia se convierta en un compromiso permanente de servicio y amor.
La Misión Perú en las comunidades de Tambobamba —Payancca, Ocrabamba, Pichaca, Choque, Mara, Asacasi y Choqquecca— nace como un signo concreto de esperanza en el marco del Año Jubilar 2025, tiempo de gracia y renovación espiritual para toda la Iglesia. En sintonía con la celebración de los 75 años de presencia de las Religiosas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón en América Latina, la Pastoral del Colegio Arriarán Barros se une a este camino de servicio, encuentro y fraternidad, compartiendo la fe, la alegría del Evangelio y gestos solidarios con las familias y comunidades locales.
